JamiPozcord
Active member
- Messages
- 102
- Reaction score
- 98
- Points
- 28
Hay momentos en la vida en los que no estamos jugando, pero se siente como si lo estuviéramos. Nadie nos explica las reglas, no vemos el tablero completo y aun así tenemos que mover las fichas. Eso sentí al sentarme a jugar con mi sobrino un partido de ajedrez,pues mi hermano es profesor de ajedrez y créeme le ha enseñado muy bien.
Esperar demasiado también es una decisión, aunque casi nadie lo quiera aceptar. Nos dedicamos a mirar el tablero por un tiempo antes de comenzar, sentí que mis pensamientos se nublaban de tanto pensar,quería hacerlo bien. Aún así, mi primer movimiento fue el peón, no era el más grande pero era el indicado para iniciar.
El peón es como cuando la vida nos obliga a avanzar aunque no estemos listos. Son esos pasos pequeños que damos sin aplausos, sin garantías, solo con la intuición de que quedarse quieto es peor. El peón me enseño que no todas las decisiones grandes se toman de golpe; muchas se construyen caminando recto incluso con miedo. Nadie habla del valor que se necesita para avanzar sin saber si al final habrá recompensa.
Después de varios movimientos de ambas partes,tocó mover mi caballo.
El caballo entra cuando la lógica ya no alcanza. Cuando hacer lo correcto no me funcionaba y tocaba moverse raro, cambiar de dirección, tomar un camino que otros no entienden. He tomado decisiones que parecían retrocesos, saltos sin sentido, eran la única forma de salir del bloqueo. El caballo representa esas elecciones que no buscan aprobación, solo coherencia interna.
Entre movimientos y movimientos trasladé la torre hacia un espacio.
La torre aparece cuando ya no queda espacio para dudas. Cuando toca poner límites, cerrar puertas, defender lo que costó construir. No es una decisión cómoda, porque la torre no esquiva, se planta. En la vida, hay momentos en los que no avanzar también es avanzar, cuando protegerse se vuelve prioridad. Nadie habla de lo difícil que es mantenerse firme sin volverse rígido.
En diferentes situaciones no siempre elegimos qué ficha ser. A veces la vida nos empuja a ser peón cuando queremos ser torre. O nos exige un salto de caballo cuando solo queríamos ir en línea recta.
Terminando el tiempo perdí contra mi sobrino,fue explendida su jugada. Nos reíamos de la satisfacción.
En los juegos, como en la vida y en espacios como Windice se aprende rápido, no todas las pérdidas son errores. Hay decisiones que duelen hoy pero evitan una derrota mayor mañana. Sacrificar una ficha no siempre es rendirse; a veces es salvar la partida que aún no se ve.
Decidir cansa. Pensar cansa. Y aun así, no decidir es dejar que otros muevan por nosotros. El verdadero riesgo no está en equivocarse, sino en no aprender por qué se perdió una posición.
Al final, la vida no se gana jugando perfecto, sino jugando consciente. Entendí cuándo avanzar despacio, cuándo romper la lógica y cuándo mantenerme firme. Porque cada decisión, como cada movimiento, deja una huella que no se puede borrar… solo asumir
y seguir jugando.
Esperar demasiado también es una decisión, aunque casi nadie lo quiera aceptar. Nos dedicamos a mirar el tablero por un tiempo antes de comenzar, sentí que mis pensamientos se nublaban de tanto pensar,quería hacerlo bien. Aún así, mi primer movimiento fue el peón, no era el más grande pero era el indicado para iniciar.
El peón es como cuando la vida nos obliga a avanzar aunque no estemos listos. Son esos pasos pequeños que damos sin aplausos, sin garantías, solo con la intuición de que quedarse quieto es peor. El peón me enseño que no todas las decisiones grandes se toman de golpe; muchas se construyen caminando recto incluso con miedo. Nadie habla del valor que se necesita para avanzar sin saber si al final habrá recompensa.
Después de varios movimientos de ambas partes,tocó mover mi caballo.
El caballo entra cuando la lógica ya no alcanza. Cuando hacer lo correcto no me funcionaba y tocaba moverse raro, cambiar de dirección, tomar un camino que otros no entienden. He tomado decisiones que parecían retrocesos, saltos sin sentido, eran la única forma de salir del bloqueo. El caballo representa esas elecciones que no buscan aprobación, solo coherencia interna.
Entre movimientos y movimientos trasladé la torre hacia un espacio.
La torre aparece cuando ya no queda espacio para dudas. Cuando toca poner límites, cerrar puertas, defender lo que costó construir. No es una decisión cómoda, porque la torre no esquiva, se planta. En la vida, hay momentos en los que no avanzar también es avanzar, cuando protegerse se vuelve prioridad. Nadie habla de lo difícil que es mantenerse firme sin volverse rígido.
En diferentes situaciones no siempre elegimos qué ficha ser. A veces la vida nos empuja a ser peón cuando queremos ser torre. O nos exige un salto de caballo cuando solo queríamos ir en línea recta.
Terminando el tiempo perdí contra mi sobrino,fue explendida su jugada. Nos reíamos de la satisfacción.
En los juegos, como en la vida y en espacios como Windice se aprende rápido, no todas las pérdidas son errores. Hay decisiones que duelen hoy pero evitan una derrota mayor mañana. Sacrificar una ficha no siempre es rendirse; a veces es salvar la partida que aún no se ve.
Decidir cansa. Pensar cansa. Y aun así, no decidir es dejar que otros muevan por nosotros. El verdadero riesgo no está en equivocarse, sino en no aprender por qué se perdió una posición.
Al final, la vida no se gana jugando perfecto, sino jugando consciente. Entendí cuándo avanzar despacio, cuándo romper la lógica y cuándo mantenerme firme. Porque cada decisión, como cada movimiento, deja una huella que no se puede borrar… solo asumir
y seguir jugando.